Marta Bautista Lacambra, 1986, Huesca.

En mi familia paterna se ha utilizado la abreviatura de nuestro apellido como apodo para varios de nosotros al alcanzar cierta edad. De Bautista, Bauty. Siendo hombres mayoritariamente los portadores en las décadas anteriores, no tuvieron malentendidos con su mote, entonces se enviaban sobres con nombre completo y y se buscaba paciente y alfabéticamente al cabeza de familia en las guías telefónicas, era habitual nombrar por su apellido o incluso pueblo a los varones, y “Bauty” se utilizaba verbalmente más que escribirse.

Cuando la herencia del mote llegó con mis 13 también lo hacía MSN, y más adelante las redes sociales, por lo que el hecho de que Bauty se asemejara tanto al leer de un golpe de vista al término en inglés “beauty” me generaba dos problemas. Uno era que había gente que confundía mi identidad con un perfil profesional “estético” por decir algo, y el otro era mi hastío ante la pregunta que algunos utilizaban para iniciar conversación. ¿Biuty viene de bonita, no?

Empeñada en seguir mi legado, con un srta delante del apodo y mi necesidad de empoderamiento detrás, decidí utilizar como nombre artístico al entrar de manera autodidacta en el arte y el diseño digital: DON’T CALL ME BONITA @srtabauty

Camarera de noche, creativa de dia, intento que mis proyectos laborales estén relacionados con mis grandes pasiones para sacar lo mejor de mi. La música, la gente y la comunicación a través del arte gráfico están presentes en este trabajo que os presento con el título de Idols.

Con esta primera exposición inauguro mi faceta más artística y personal, que ha surgido como para muchos de la mano del escenario pandémico y de la necesidad de expresión.

Durante todo el mes de agosto podréis ver en las paredes del bar El Entalto, una colección de retratos elaborados con distintas técnicas digitales, impresos a color en foam, cartón pluma, en tamaño A-3.

Una serie de retratos de personajes icónicos, cargados de dualidad. El mito que muestra su sombra, unida para la eternidad a una canción, a una frase, reducida a un solo paso de baile o a una etiqueta, a ser recordadas por cualidades o normas estéticas, pero que también muestra su luz, burlándose del cuñadismo y abrazando las etiquetas para darle una vuelta de tuerca. Humor, protesta, mensajes de empoderamiento, cierta nostalgia nocturna y el club de los 27 como fetiche bajo una mirada millenial retro componen IDOLS.

Encargos e información: srtabauty@gmail.com